Mientras observamos los actos horribles de los últimos días y participamos en conversaciones unos con otros, recordamos la profundidad de la injusticia racial y el dolor que ha causado y continúa causando. Al ver todas las imágenes de violencia —incluidos los disturbios y los saqueos— lamentamos. Clamamos junto con Habacuc:
"¿Hasta cuándo, Señor, he de pedirte ayuda sin que tú me escuches? ¿Hasta cuándo he de clamar '¡violencia!', sin que tú nos salves? ¿Por qué me haces presenciar tanta iniquidad? ¿Por qué toleras la maldad? Veo ante mis ojos destrucción y violencia; surgen riñas y abundan las contiendas. Por lo tanto, se debilita la Ley y no prevalece la justicia. El malvado acosa al justo y se pervierte la justicia."
– Habacuc 1:1-4
Entonces recordamos la cruz. Recordamos a Jesús. Recordamos las promesas de Dios. Y encontramos esperanza. Los acontecimientos recientes nos recuerdan que todos han pecado —pecados profundos y personales contra otros y contra Dios. Pero no estamos perdidos. Porque si Dios puede reconciliar a los pecadores consigo mismo, y puede reconciliar a judíos y gentiles por medio de Jesucristo, ciertamente puede traer reconciliación racial a nuestro mundo roto.
Este es un asunto bíblico, no político, y exige justicia y reconciliación. Como cristianos, estamos llamados a alzar la voz contra la injusticia racial y sus trágicos resultados, porque son graves pecados contra Dios, pecados que violan la dignidad de todo ser humano creado a Su imagen.
Bible Study Fellowship siempre ha mantenido una postura firme sobre la Biblia como "... inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir y para instruir en la justicia ..." (2 Timoteo 3:16). Por eso estudiamos las Escrituras capítulo por capítulo y en su contexto. La Palabra de Dios nos une y nos guía. No pasamos por alto las partes difíciles o incómodas. Dios no sacrificó a su Hijo unigénito, Jesús, para que permaneciéramos igual. Nos ama demasiado como para dejarnos donde estamos. Quiere transformarnos y moldear a todos Sus hijos a la imagen de nuestro amoroso Salvador.
Como ministerio global, con miembros de diversas naciones y trasfondos, los miembros de BSF podemos mantenernos unidos aun en medio de disturbios civiles, agitación y confusión. Podemos entrelazar nuestros brazos y unirnos alrededor de principios bíblicos claros e innegables, incluyendo:
Todas las personas son creadas a imagen de Dios.
Génesis 1:26
Dios confiere valor y Su hermosa imagen a cada persona. El valor y la dignidad humana no se basan en el color de la piel, el patrimonio, la nacionalidad, la inteligencia, los logros ni ningún otro criterio.
Todos han pecado y están privados de la gloria de Dios.
Romanos 3:23; 12:3
Ninguno de nosotros tiene la vida totalmente resuelta. Nadie está libre de culpa. No hemos hecho nada para ganarnos el favor o la gracia de Dios. De hecho, a lo largo de las Escrituras, Dios advierte a Su pueblo a no pensar más de sí mismo de lo que debe.
Todos los creyentes están llamados a ser agentes de reconciliación y embajadores de Cristo.
2 Corintios 5:16-21
Somos los representantes oficiales de Dios, y el mundo está observando lo que los creyentes dicen y hacen. Las personas sacan conclusiones sobre Dios basándose en nuestra conducta. No creemos que los seguidores de Jesús tengan la opción de responder con violencia ni de permanecer en silencio ante la injusticia.
Dios aborrece la injusticia y, al final, corregirá todo agravio.
Miqueas 6:8
Hasta ese glorioso día, Dios manda a Su pueblo que actúe con justicia, ame la misericordia y camine humildemente con Dios y los demás.
Una vez más, la injusticia de este mundo no es un asunto político. Es un asunto bíblico, que estamos llamados a vivir.
¿Entonces, cómo se ven estos principios bíblicos en la vida real?
Significa examinar las Escrituras y aplicarlas a nuestras propias acciones. ¿Cómo se ve realmente hoy “amar a tu prójimo como a ti mismo”? ¿Cómo influye en tus actitudes y acciones —o en tu falta de acción— el creer que “todos hemos sido creados a imagen de Dios”? ¿Te duele el corazón y extiendes tu mano cuando escuchas clamores de ayuda y súplicas de empatía “aun por el más pequeño”?
Todo aquel que llama a Jesús Señor puede orar. Oramos por los oprimidos en nuestra comunidad. También debemos orar para que nuestros propios corazones se vuelvan sensibles y compasivos, dispuestos a llorar con los que lloran (Romanos 12:15). Oremos por oportunidades para aliviar el sufrimiento de otros, así como Cristo alivia el nuestro.
Quizás te preguntes: ¿Por qué BSF escribe sobre esto ahora, si la injusticia ocurre cada día en todo el mundo?
Sentimos que no solo era apropiado, sino absolutamente necesario, ser claros acerca de nuestra posición bíblica. Esta fue una violación tan pública de los derechos humanos y de la dignidad humana que no queríamos que el silencio se malinterpretara. No podíamos permitir que nuestros hermanos y hermanas en Cristo, nuestros familiares, pensaran que toleramos actividades racistas o que no vemos ni nos importa el profundo dolor que causan.
Y, en la medida en que cualquier persona de color haya experimentado racismo en un contexto de BSF, lamentamos profundamente y pedimos perdón. Por medio de Cristo y el poder del Espíritu Santo, podemos remover cualquier barrera que separe al Cuerpo de Cristo (Efesios 2). Invitamos a cada miembro de BSF a pedirle a Dios que abra sus ojos a cualquier prejuicio que puedan albergar. Cada uno puede levantar la voz cuando veamos injusticia y llorar junto a nuestros hermanos y hermanas cuando sufren. Y, como estudiamos recientemente en Santiago, “Todos deben estar listos para escuchar, pero no apresurarse para hablar ni para enojarse…” (Santiago 1:19b).
El hermano de Jesús no solo da consejos prácticos sobre cómo permanecer fiel en medio del sufrimiento, sino que también ofrece estas instrucciones oportunas:
"No se contenten solo con oír la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica. El que escucha la palabra, pero no la pone en práctica, es como el que se mira el rostro en un espejo y después de mirarse, se va y se olvida enseguida de cómo es. Pero quien se fija atentamente en la ley perfecta que da libertad y persevera en ella, no olvidando lo que ha oído, sino haciéndolo, recibirá bendición al practicarla".
– Santiago 1:22-25
"Supongamos que un hermano o una hermana no tiene con qué vestirse y carece del alimento diario, y uno de ustedes le dice: «Vaya en paz; abríguese y coma hasta saciarse», pero no le da lo necesario para el cuerpo. ¿De qué servirá eso? Así también la fe por sí sola, si no tiene obras, está muerta".
– Santiago 2:15-17
Santiago escribió sobre vivir bíblicamente, no sobre creencias políticas. No podemos escuchar las palabras de Dios sobre la injusticia, la reconciliación o la unidad y simplemente dar la vuelta y alejarnos. El espejo está puesto frente a nuestro rostro. No desviemos la mirada ni olvidemos. Más bien, pongamos nuestra fe en acción y demostremos el amor incondicional de Dios a nuestros prójimos. Afirmémonos en la Palabra inmutable de Dios y acerquémonos a otros con amor sacrificial, gracia y humildad. Amemos —profunda, empática y compasivamente— a cada hombre, mujer y niño, tal como Cristo nos ama a nosotros.
Con corazones llenos de pesar,
Bible Study Fellowship