¿Abrumado por el mundo? Ora como Daniel

3 pasos para orar con propósito

Last updated: octubre 28, 2025

¿Abrumado por el mundo? Ora como Daniel

Cuando mi iglesia participó en una semana global de oración, algunos amigos se inscribieron para el “cuarto de oración” en mi casa. Esa noche, estaba programado orar por los diferentes estados de nuestro país. Sin embargo, tras conducir durante una hora por carreteras llenas de baches y con un tráfico muy peligroso para llegar a mi casa, uno de mis amigos comentó en tono de broma: “Olvida otros estados y países. Necesitamos orar por las carreteras de aquí mismo”.  

Vivo en el mundo en desarrollo. Sin duda, es fácil criticar la infraestructura deficiente, la corrupción desenfrenada, los interminables embotellamientos de tráfico y la injusticia flagrante que forman parte de nuestra vida diaria. Aunque donde tú vivas pueda verse diferente, no hay manera de escapar de la realidad quebrantada de nuestro mundo.   

Pero si tomáramos ejemplo de la oración de Daniel registrada en el capítulo 9, en lugar de quejarnos, nuestra primera reacción sería clamar a Dios. 

Cuando Daniel entendió la profecía sobre la desolación de Jerusalén al leer las Escrituras, su primera reacción no fue resignación. su primera reacción no fue resignación. Más bien, se arrodilló. 

Oró con humildad, mientras se aferraba firmemente al carácter de Dios. 

Oró en arrepentimiento, creyendo que la restauración traería gloria a Dios. 

Oró de corazón, fundamentando su clamor en las Escrituras. 

Mientras intercedemos por nuestras ciudades, nuestros países y nuestro mundo fracturado, ¿cómo podemos orar como lo hizo Daniel? 

 

Ora con humildad

La verdadera oración impulsada por el Espíritu de Dios es inherentemente humilde. Cuando oramos, esencialmente decimos: “Señor, por mí mismo no puedo. Pero sé que tú eres capaz.” Una actitud de oración es una actitud de dependencia. Al leer la oración de Daniel, sus primeras palabras capturan la grandeza y el poder de Dios: “Señor, Dios grande y temible, que cumples tu pacto de fidelidad con los que te aman y obedecen tus mandamientos...”. (Daniel 9:4) 

No existe una fórmula para la oración, pero hay sabiduría en comenzar con la adoración al Dios todopoderoso, el que es y que era y que ha de venir. La alabanza reverente orienta nuestro corazón en la dirección correcta. Eleva nuestra mirada hacia arriba, en lugar de dejarla solo en nosotros mismos o en lo que nos rodea. Al contemplar y proclamar la naturaleza de Dios, comenzamos a comprender nuestra propia condición caída. 

 

La alabanza reverente orienta nuestro corazón en la dirección correcta.

 

A pesar de su propio caminar recto con Dios, Daniel no se desvinculó de los pecados de su pueblo. A lo largo de su confesión, su lenguaje se caracteriza por el pronombre “nosotros”, no “ellos”.  Vestido de luto y sobre cenizas delante de Dios, clamó: Hemos pecado y hecho lo malo; hemos sido malvados y rebeldes. 

La oración de Daniel nos desafía a dejar de señalar con el dedo y, en su lugar, a convertirnos en personas que tienen hambre y sed de justicia. En vez de culpar a otros, podemos imitar la humildad de Daniel ante Dios al reconocer nuestras propias debilidades y nuestra condición caída. 

 

Ora contemplando el carácter de Dios

La oración es una forma poderosa de recordarnos quién es Dios. Al permanecer en su presencia y meditar en sus atributos, elevamos nuestro corazón por encima de nuestros temores. 

El carácter de Dios está bellamente entretejido en toda la confesión de Daniel. Daniel proclamó que el Señor es justo. Se recordó a sí mismo que el Señor Dios es misericordioso y perdona. Repitió la verdad de que Dios fue quien sacó a los israelitas de Egipto.

Cuando le respondemos a Dios con lo que Él ha revelado de sí mismo en su Palabra, nuestro espíritu se fortalece. ¿No es cierto que, cuando estamos consumidos por la adoración, nuestras súplicas suelen quedar en segundo plano? 

Sin embargo, Dios en su amor nos invita a descargar nuestras cargas en Él. 

 

Ora tus peticiones

Daniel dio prioridad a la oración. Pero la oración no era solo una disciplina espiritual que marcaba en su lista de tareas. Era un salvavidas. Clamó con una profunda intensidad emocional: 

“¡Señor, escúchanos!  ¡Señor, perdónanos!  ¡Señor, atiéndenos y actúa!”  (Daniel 9:19) 

La verdadera oración nunca es pasiva. Es un ruego desesperado, una pasión derramada, un lamento, un vaciamiento, un dolor expuesto ante Dios. 

Daniel no elevó una oración tímida por su pueblo. Oró con pasión, creyendo que el Señor escucha y actúa. 

 

La verdadera oración...es un ruego desesperado, una pasión derramada, un lamento, un vaciamiento, un dolor expuesto ante Dios.

 

Mientras nuestro mundo se hunde en las profundidades de la división y la depravación, acudamos a Dios como lo hizo Daniel. Humillémonos, confesemos nuestros pecados, afirmémonos en las Escrituras, aferrémonos al carácter de Cristo y supliquemos con fervor por la sanación de nuestra tierra. 

En última instancia, Daniel oró para que Dios fuera glorificado a través de la restauración de su pueblo: "Dios mío, hazlo por tu honor y no tardes más; tu Nombre se invoca sobre tu ciudad y sobre tu pueblo". (Daniel 9:19) 

Esto no trata solo de los israelitas. Se trata del pacto de amor de Dios por Su pueblo. Se trata del nombre de Dios. 

Así también nosotros lloramos mientras oramos: “Dios mío, hazlo por tu honor y no tardes más”.  

Invitamos a que Él reine una vez más. 

Clamamos: “Maranatha. Ven, Señor Jesús". 

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Susan Narjala

Susan Narjala

Susan Narjala es escritora y conferencista radicada en Bangalore, India. Ha colaborado con varias publicaciones cristianas, entre ellas Desiring God, The Gospel Coalition, Risen Motherhood e InCourage. Publica regularmente en susannarjala.com. También ha escrito más de una docena de planes bíblicos para la aplicación YouVersion. Susan asistió a BSF en Chennai, India, y en Portland, Oregón. Está casada con Ranjit, ingeniero de software. Actualmente están ocupados criando a sus dos hijos adolescentes y participan activamente en su iglesia local.
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